El bultito de Nora.
Hace casi tres años, a Nora le salió un bultito en el brazo. La llevamos al médico y le empezaron a hacer pruebas. No me hizo falta esperar al diagnóstico. Lo supe observando las caras de los médicos dos días antes de tener la explicación oficial. En la consulta agarré a Gema de la mano tan fuerte como pude y escuchamos lo siguiente: “Nora tiene un sarcoma; un tumor maligno; cáncer. Un tipo muy raro en una niña de seis años. El nódulo original está en el brazo y tiene también otro nodulito metastásico en el pulmón”.
Escuchar la noticia fue el trago más duro. Al salir de la consulta me sentía como si me acabara de arrollar un tren de mercancías. Un dolor físico, mental y emocional atravesaba cada milímetro de mi ser. Lo veía todo borroso. No discrimina sonidos. No podía pensar. Odié a un Dios inexistente con todas mis fuerzas. ¿Cómo puede existir un Dios que permita tales injusticias? ¿Cómo puede permitir el sufrimiento de inocentes? Imaginé que esa misma reflexión la habían tenido millones de personas a lo largo de los siglos. Esa noche me emborraché y tuve una conversación acerca de mi alma con un tipo de mirada negra e intensa.
Las dos primeras semanas fueron las más duras para mí. Lloraba un rato cada mañana, me lavaba la cara y ya seguía con las rutinas diarias. Por algún motivo, a solas podía manejar la emoción (la rabia, la tristeza, el miedo, el dolor), pero las cabronas de ellas se desbordaban cuando se lo contaba a algún ser querido. Hablar de ello es mucho más terapéutico que sólo pensarlo. Tuve la tentación de adentrarme en internet para conocer los detalles, pero sufrí tanto al hacerlo con mi madre que decidí no informarme esta vez. Sólo escucharía aquello que los médicos decidieran transmitirnos. Creo que hice bien. No soy médico ni científico. ¿Para qué llenar mi mente y mi subconsciente de una información con la cual yo no puedo hacer nada al respecto? Entonces me di cuenta de quiénes son los superhéroes. LOS SUPERHÉROES SON LOS MÉDICOS, las enfermeras, los oncólogos, los cirujanos, los científicos que dedican su vida a descubrir remedios contra las enfermedades. Esta reflexión me dio la ESPERANZA que necesitaba. Joder, está LA CIENCIA, está LA MEDICINA. Entonces tuve una certeza: Los médicos van a curar a mi niña. Estamos en las mejores manos posibles. Entonces dejé de llorar. A partir de esa revelación volvió mi optimismo natural, la esperanza y la alegría que nos han acompañado durante todo el proceso.
Gema y yo somos vitales, alegres, felices y optimistas. Y NORA ES LA NIÑA MÁS VITAL, ALEGRE, FELIZ Y OPTIMISTA QUE CONOZCO. Por supuesto que el tratamiento ha sido duro para ella: la quimio; la cirujía; la radio; la caída del pelo; las noches de hospital; la falta de apetito; las náuseas; el cansancio; el malestar; el no poder ir al cole con sus amigas; el no poder bañarse en la playa ni en la piscina… y que ha tenido algunos (pocos) momentos “bajitos”, pero la verdad es que es una SÚPERHEROÍNA que lo ha llevado con una aceptación, vitalidad, alegría, optimismo y felicidad envidiables. Sinceramente creo que el estado de ánimo es medio tratamiento.
El momento más feliz fue cuando nos dijeron que la combinación de la quimio, radio y cirugía había sido un “éxito” y no quedaba rastro de células cancerígenas. El más esperado cuando nos informaron de que lleva limpia varios meses y que ya podía empezar a ir al cole y a hacer vida normal.
El momento más duro ha sido hace dos meses cuando le detectan una recaída y tenemos (tiene) que repetir de nuevo todo el tratamiento.
Volvemos a la pelea volcados en la ESPERANZA que nos aporta la ciencia y la medicina. Sabiendo que todo va a salir bien porque estamos en las mejores manos posibles, las de nuestros SÚPERHEROES: científicos, médicos, oncólogos y enfermeras… y sabiendo que, aunque no va a ser fácil, Nora es otra SÚPERHÉROINA que lo va a llevar con la mejor de las actitudes posibles: ALEGRÍA, FELICIDAD, VITALIDAD y OPTIMISMO
¿Os he dicho que Nora es la niña más feliz que conozco?



